El año sin verano

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El año sin verano

“El Año sin verano”, es la segunda exposición que los artistas Elena Urucatu y Carlos Maté presentan en la Galería Modus Operandi. Comisariada por Eloy Martinez de la Pera, el proyecto reúne una serie de trabajos sobre el denominado “El año sin verano”, aquel año de 1816 en que debido a la erupción del volcán Tambora se produjo una crisis ecológica, un drástico descenso de las temperaturas que provocó años de frío, hambre y epidemias. Sin embargo también trajo consigo años catalizadores de procesos creativos que han transformado nuestro legado artístico. “El año sin verano” es un proyecto que bucea en las interconexiones y filtraciones de esta primera crisis global que se produjo justo en el nacimiento de la era industrial, el declive de la ilustración y el inicio del antropoceno, con la actual catástrofe ecológica, mucho más grave y profunda. La exposición toma como punto de partida una ópera inventada, una ambiciosa ‘gesamtkunstwerk’ que narra la epopeya de la extinción humana y en la que la composición musical ha sido sustituida por aromas y la parte escénica por lectura performática. Los trabajos que se presentan se plantean como un ejercicio de dar vida a los personajes-fantasmas que la protagonizan a través de la escultura y el perfume. Un espacio de filtraciones entre ficción y realidad donde arte y crisis ecológica están interconectados, y que bucea en los múltiples ángulos oscuros y cruces culturales entre ese apasionante año sin verano de 1816 y el momento actual. Así, la música de la opera, sus notas en forma de esencias y aromas distribuidos por la sala, protagonizan un sutil artefacto expositivo que guía el camino del visitante. Y en este recorrido mental, se nos van presentando las piezas de la exposición como presencias de fantasmas culturales. Una obra lírica imaginaria en la que todo es verdad porque todo esta inventado, porque es una ficción que se filtra en la fisicidad de la exposición buscando acercarse, no a la realidad, sino a la verdad. La opera funcionaría como una suerte de fantasma-anfitrión que nos va presentando a todos los demás. Los monstruos y fantasmas del romanticismo se cruzan con los del antorpoceno, escritores y pintores nos hablan desde otro tiempo de las urgencias de nuestra época; Byron y los Shelley atrapados por la lluvia en Villa Diodati, la criatura de Mary Shelley, vidas de poetas sentidas como una obra de arte; su oscuro destino y el oscuro destino de la vida en la tierra, ...volcanes, lluvia, frio... calentamiento global y monstruos marinos que nos recuerdan nuestra segura extinción. La disposición de las piezas en la sala siguen el orden cronológico de la opera... Byron y los Shelley nos reciben entre la niebla de un perfume que recrea la lluvia de aquel verano de 1816.... Cada pieza que se presenta es uno de los personajes de nuestro libreto que toman vida a través de la escultura y en los que elementos y conceptos del romanticismo han sido revisados desde la perspectiva del proyecto; elementos como la ruina, el veneno del suicidio romántico, la novela de terror gótico y una idea de lo sublime y lo inquietante conviven con la figura siempre presente de la eco-catástrofe. ((Una tensión entre la vida y la actividad destructora humana donde la historia del arte, La literatura, la música, la cultura popular y sobretodo el arte contemporáneo se abordan como el único punto de partida valido para construir la individualidad. Lo único valioso en la oscura alma humana, lo poco salvable del naufragio al que el depredador terrible que somos ha llevado al planeta). El trabajo de Elena Urucatu y Carlos Maté trata de la oscuridad.... un enfoque oscuro sobre la oscura naturaleza humana. Habitualmente trabajan entre escultura, performance, la imagen o la arquitectura y el diseño, experimentos performativos e instalaciones audiovisuales, en los que la eco-catástrofe y la sombra de la extinción están siempre presentes. Un enfoque que parte siempre de una perspectiva no didáctica, psicológica y oscura: en un espacio lleno de sombras donde las obras producidas son una forma de muerte, convirtiendo la vida en un fragmento, una ruina congelada.